La autora Johanna Moreno lanzó “¿Todo lo que no es buen trato, es maltrato?”, un ensayo que problematiza la violencia más allá de lo físico. El libro parte de una premisa incómoda: en sociedades con instituciones débiles, los malos tratos trascienden el plano personal.
El trabajo de Moreno se posiciona en un momento donde Colombia discute reforma judicial, violencia de género y acceso a justicia. Su pregunta central no es retórica. Apunta a un vacío: ¿dónde termina la negligencia institucional y dónde comienza el maltrato? ¿Quién define los límites? El sello editorial Tendencias amplifica textos que buscan nombrar lo que el establishment prefiere silenciar.
Lo relevante para la cultura política actual es que este tipo de publicaciones llena un espacio que los medios tradicionales evita: la conversación sobre trauma estructural. No es panfleto. Moreno no culpa a un gobierno específico, sino que invita a reconocer que cada forma de maltrato —la negación de servicios de salud, el trato degradante en comisarías, la violencia que no deja cicatrices visibles— genera daño acumulativo.
En redes, el libro ya genera debate. Algunos lectores lo ven como herramienta de autocomprensión; otros lo rechazan por considerar que amplía demasiado la definición de maltrato. Esa fricción es el punto. La cultura política colombiana necesita estos incómodos porque obligan a la sociedad a definirse a sí misma.