Colombia cerró 2025 con 49,75 millones de accesos a internet móvil. La cifra marca crecimiento, pero el dato que merece atención es otro: la velocidad promedio de descarga contratada pasó de poco menos de 380 Mbps en 2024 a 467,8 Mbps este año. Eso es un salto de 23,4%.
El contexto importa. Estamos hablando de velocidad contratada, no garantizada ni efectiva en campo. La brecha entre lo que promete el operador y lo que recibe el usuario en la práctica sigue siendo real, especialmente en zonas rurales y ciudades intermedias. Pero el crecimiento en la oferta de ancho de banda es un indicador: los operadores están invirtiendo en infraestructura. O al menos, en la capacidad instalada.
Lo interesante es la combinación: más usuarios y conexiones más rápidas. Eso sugiere que el mercado de conectividad no está en meseta. El consumo de datos crece, la demanda de velocidad también. Streaming, trabajo remoto, educación digital, redes sociales. La infraestructura intenta responder.
Pero acá viene la pregunta incómoda: ¿esa velocidad es accesible? El crecimiento en Mbps no dice nada sobre tarifa, cobertura rural o inclusión digital real. Una conexión veloz en Bogotá no es lo mismo que una conexión veloz en un municipio del Cauca. Y la velocidad contratada tampoco es velocidad experimentada. Hay que mirar los próximos reportes de calidad de servicio para entender si los usuarios realmente ven lo que contratan.
Por ahora: sí, Colombia crece en conectividad. Pero crecimiento no es lo mismo que inclusión.