La geografía del fútbol colombiano sigue un mapa desigual. Antioquia aporta 15 jugadores al plantel que Lorenzo Insúa llevará a 2026, consolidando su posición como la cantera más productiva del país. Valle del Cauca cierra atrás con 11.
Pero hay un dato que merece lectura más cuidadosa: Chocó, uno de los departamentos más pobres de Colombia (apenas 0,44% del PIB nacional), logra colocar seis futbolistas en la Selección. No es un número menor si se considera la infraestructura limitada, la falta de inversión en formación deportiva y las dificultades de acceso que enfrenta la región.
Esto abre dos preguntas. Primera: ¿qué está haciendo Chocó bien en materia de cantera que otros departamentos con más recursos no replican? Segunda: ¿cuánto talento se pierde en regiones sin estructura ni financiamiento para desarrollar futbolistas?
La concentración de jugadores en Antioquia no sorprende. Medellín y su área metropolitana tienen tradición futbolística, clubes profesionales con academias consolidadas, inversión privada y un ecosistema de fútbol formativo que funciona. Es ventaja acumulada.
Pero cuando una región pobre mantiene presencia en la élite a pesar de las limitaciones, el fenómeno invita a reflexionar sobre el talento disperso que nunca llega a identificarse, formarse ni llegar a un escenario profesional. No por falta de aptitud, sino por falta de oportunidad.
La Selección de 2026 es un espejo de esas desigualdades. Muestra dónde invertimos en deporte, dónde dejamos espacios en blanco, y dónde la pasión por el fútbol logra traspasar las barreras que la pobreza impone.